domingo, 16 de octubre de 2016

Nos toca, ya estamos grandes

La ciencia avanzó lo suficiente como para generar clones, bebés de probeta, ¿llegar a la luna?, comunicar instantáneamente a todo el planeta cuando explota una bomba en Francia u ocultarlo cuando cae en algún lado que no llama a la sensiblería informática etc. etc. Lo que no logró es que los niños se eduquen solos. Si se hubiera inventado el objeto que permitiera que un niño accediera a una forma de educación programada, el programa y el objeto habrían sido ideados por otros humanos con intenciones de educar. El humano, convengamos, sin otro no sobrevive. Y no se educa.  
Se puede decir que el niño aprende a ser siendo con otros. La idea de aprender en sentido amplio, no la tabla del dos sino a convertirse en sujeto, a nombrarse, a nombrar, a ser nombrado, a comenzar a formar parte de la escena del mundo. En ese aprender el niño recibe un mundo que ya acciona y que va a tratar de adaptarlo para que funcione con lo que se espera de él.  
Quizá de esto se trate esta nota, de decir obviedades, de repetir proverbios "Hace falta un pueblo para educar un niño" o de citar a Umberto Eco "Creo que llegamos a ser lo que nuestro padre nos ha enseñado en los ratos perdidos, cuando no se preocupaba por educarnos." (El péndulo de Foucault) Y de eso se trata quizá el aprender del niño: a partir de los que vive, vive. Conocer la frase de Eco lo pone a uno al corriente, en tanto padre, de todo lo que enseña cuando no se preocupa en educar.  
Uno no puede esconderse de la dinámica cotidiana. ¿Qué hace que aquel que educó, ya sea en rol de pueblo o de padre, se indigne por lo mismo que generó? ¿Cuál es el mecanismo que impone la frase "lo que acá se perdió es el respeto" cuando uno comienza a padecer del espejo que devuelven los niños o los jóvenes?  
Muchas veces se habla de que el tiempo que nos precedió fue mejor sin tener en cuenta que fue ese mundo el que parió a éste.  
Si bien no es pareja la lucha contra los que construyen la subjetividad masivael camino más corto es ir al resultado de nuestras acciones (insisto, como pueblo o como padres) y vomitarles a los pibes la resaca de nuestra borrachera.  
Si hoy hay evaluaciones estandarizadas, si se trata de endemoniar la enseñanza realizada, si ya se adivina que va haber que aguantarse los resultados (¿Ya saben que va a ser un desastre?), la responsabilidad no es de los pibes. Los sistemas educativos siempre logran sus propósitos, y en este caso es lograr sociedades que adscriban al neoliberalismo barato, al alumno como producto y necesidad del mercado. Cuando se habla de lo que sabe o no sabe un pibe, se habla de lo que necesita el mercado no de lo que fue adquiriendo a lo largo de su vida, de todas las instancias que lo convocaron a aprender.  Lo más probable es que cuanto más lejos se esté de los estándares más cerca se estará de las capacidades necesarias para ser pensadores independientes.  
No es la tabla del dos lo que hace a un niño "inteligente". Obvio que debe saberla, pero no es parámetro de inteligencia. Se les pide a los pibes comprensión lectora cuando el ciudadano medio solo es un loro repetidor de titulares de diario o de lo que dice una diva de TV o un periodista de espectáculos. Hasta se vota porque el slogan publicitario es igual al de un caramelo de menta. 
La manera de lograr una modificación sustancial de la sociedad no está en los más jóvenes o en los niños, está en los grandes que somos sus modelos. Una pena, porque ya se demostró con creces que desde los que eligen los premios internacionales de mérito o las declaraciones de ciudadanía ilustre proponen modelos de menos diez para cualquier evaluación.  
Y ese mundo menos diez está evaluando y juzgando a los pibes.
Jorge L. Narducci

martes, 11 de marzo de 2014

Unamuno y el mono enfermo


Los avances en la medicina primero y en la tecnología después alteraron el desarrollo de la naturaleza. Los cambios producidos comenzaron a ocupar el lugar que la naturaleza pareció olvidar. Así, respetando la conducta gregaria, comenzaron a generarse organizaciones sociales y, respondiendo y generando necesidades en esa organización, mecanismos que alivianaron la vida doméstica y mejoraron la salud. 
Pero también se fueron refinando las leyes de la selva y lo que otrora fuera la cadena alimentaria pasó a ser un entramado de leyes que transformó a seres iguales en especie en robustos contra alfeñiques. La igualdad entre los hombres dejó claro que no todos respondemos al sustantivo "hombre" que generó esta nueva forma animal. Hay igualdad dentro de las castas, todos las clases sociales entre sí disfrutan de la horizontalidad. Todo cambia cuando la igualdad se generaliza entre todos los hombres. Y cada vez se marca más esa diferencia, y con menos ambages. 
Entonces, los cambios producidos tomaron a un "hombre", al hombre en el que se nombra la humanidad toda sin tener en cuenta a la mayoría de la humanidad, aferrado a unos cambios que beneficiaron  cada vez más su calidad de vida. Y con ella su salud.  
Ahora bien, y tomando a Miguel de Unamuno como el padre de las ideas más extraordinarias que dio la lengua, vamos a acercarnos a un milímetro de sus pensamientos para poder seguir. 
Escuchemos. Dice Miguel de Unamuno en "Del sentimiento trágico de la vida" sobre el origen del hombre: 
"¿Queréis otra versión de nuestro origen? Sea. Según ella, no es en rigor el hombre, sino una especie de gorila, orangután, chimpancé o cosa así, hidrocéfalo o algo parecido. Un mono antropoide tuvo una vez un hijo enfermo, desde el punto de vista estrictamente animal o zoológico, enfermo, verdaderamente enfermo, y esa enfermedad resultó, además de una flaqueza, una ventaja para la lucha por la persistencia. Acabó por ponerse derecho el único mamífero vertical: el hombre. La posición erecta le libertó las manos, de tener que apoyarse en ellas para andar, y pudo oponer el pulgar a los otros cuatro dedos, y coger objetos y fabricarse utensilios, y son las manos, como es sabido, grandes fraguadores de inteligencia. Y esa misma posición le puso pulmones, tráquea, laringe y boca en aptitud de poder articular lenguaje, y la palabra es inteligencia. Y esa posición también, haciendo que la cabeza pese verticalmente sobre el tronco, permitió un mayor peso y desarrollo de aquélla, en que el pensamiento se asienta. Pero necesitando para esto unos huesos de la pelvis más resistentes y recios que en las especies cuyo tronco y cabeza descansan sobre las cuatro extremidades, la mujer, la autora de la caída, según el Génesis, tuvo que dar salida en el parto a una cría de mayor cabeza por entre unos huesos más duros. Y Jah la condenó, por haber pecado, a parir con dolor sus hijos.  
El gorila, el chimpancé, el orangután y sus congéneres deben de considerar como un pobre animal enfermo al hombre, que hasta almacena sus muertos. ¿Para qué?" 
Ahora a volver a hablar. 
¿Qué será entonces lo que los adelantos tecnológicos habrán hecho con este mono enfermo? 
El recorrido de la historia, la evolución de los acontecimientos hubieran permitido suponer que aquel animal enfermo podría haberse alejado por completo y ser ya una especie con rasgos que en nada supusieran su origen. La literatura, la música, las manifestaciones artísticas, los ideales, las teorías filosóficas, todo esto  analizado en perspectiva hubieran podido suponer un ser capaz de superar esta realidad, que aparte de injusta, violenta y dolorosa parece muy divergente de la posible evolución de las relaciones humanas.  
Pues, ¿A quién está curando la tecnología? ¿Quién es el beneficiado con  los adelantos en la medicina? ¿Es el hombre o aquel mono enfermo? ¿Curar al hombre es enfermar más al mono o el hombre en su sanación va camino a la recuperación del mono? 
Por lo pronto las rejas que el hombre (la pequeña porción de homínidos que se consideran hombres cuando se habla de los avances que tuvo, ¡hasta llegó a la luna! ¿Para qué?) se está poniendo a sí mismo ya lo lleva a una especie de zoológico autoproclamado donde el resto de la especie que comparte su lugar en la taxonomía biológica lo mira jugar con el mundo.  
En el zoológico real, en el que las rejas también las pone ese "hombre", los animales miran pasar el mundo a través de los barrotes, su lugar no cambia, pero los que los miran como si fueran un espectáculo van y vienen, les tiran ¿alimento?, les dicen cosas que no entienden, y seguro que si pudieran, los animales repetirían las palabras, los gestos, los sonidos. El mono sano, aquel que su hermano enfermo encerró, imita conductas, da saltos para recibir ¿alimento?  
Imaginemos esta escena: Un "hombre" tras sus propias rejas, encerrado, mirando por la ventana, por ambas ventanas; la real, la de su comedor y la virtual, su televisión, su pantalla. Él quieto, mirando. Quieto aunque se mueva, porque su pereza no es física. Alterna la mirada entre las dos ventanas como si fueran ambos lados de un barrote de su jaula. Y mira, y repite las palabras, los gestos. 
Quizá las mismas cosas que enferman al hombre curen al mono, y los científicos en su avance vuelvan a poblar de monos, monos pelados, con el pulgar opuesto al resto de la mano, erguido, con cerebro más grande, pero monos al fin. 

Jorge L. Narducci

sábado, 1 de febrero de 2014

Un cuento en enero

Lo cotidiano

-Una cruz de plata, un rosario de plástico, una medalla de la Virgen de Luján...
Mientras iba sacando de la bolsa los objetos y los nombraba el niño seguía el trayecto una y otra vez. La voz ronca del hombre que acompañaba el recorrido hasta una improvisada mesa hecha de rodillas y un trozo de madera sonaba bajo la mirada atenta del padre. Pocas veces abandonó el vaivén, un par de veces. Fueron las dos miradas que le echó a su tía, a los ojos se su tía, que también miraban, pendulantes, el trayecto.
-Son porquerías que no valen nada- terminó diciendo al sacar la última de las reliquias de la abuela
- Algo deben valer . supuso el padre.
- Un kilo de pan y una leche
- y una harina- completó el padre
- Bueno, lleve.
Mientras el hombre juntaba los restos de la fe de la abuela como si fueran migas en la mesa el padre se sirvió la paga. El niño no dejó de observar a ninguno de los adultos que le servían de molde. Apenas vio la harina en la bolsa se acercó a la tía. La abrazó desde atrás y se asomó de costado para ver llegar al padre. Sus ojos veían ahora la bolsa, tras ella al padre y más atrás al hombre..
- Sesenta años juntando estas mierdas para que nos sirvan para esta porquería - dijo inmediatamente a su hermana apenas puso un pie en la calle.
- Para ella eran importantes, todos los días las miraba, las tocaba, les decía cosas.
- Mierda les decía, años de miseria para ella, para nosotros y para este pendejo, y para todos los que vengan.
El silencio fue profundo durante el camino del pueblo hasta la casa. No fueron palabras las que lo rompieron. Una cacerola de aluminio contuvo la leche que se calentó en una brasa eternamente encendida. El pan se hizo rodajas. El niño se sentó a esperar en silencio lo que venía: la leche, las rodajas y el padre.
- Al menos va a haber más lugar. Mañana voy al pueblo, le vendo la ropa y ya está-dijo mientras metía en la misma bolsa de las reliquias un montón de tela-. No hay nada más de la vieja, solo la pobreza, la inmunda pobreza que te regaló a vos, a mí, al pendejo. Eso no se lo vendemos a nadie.
- El colchón le va a servir al Toni para que duerma cómodo.
- Que lo use hasta que se lo lleven las ratas.
- ¡Es tu hijo!
- Si no hay madre no hay hijo, y este pendejo no tiene madre, así que no es hijo de nadie.
El niño tomaba la leche y comía las rodajas sin dejar de mirar la tormenta, su techo ya se había volado hacía mucho y nada le hacía temer. Las tormentas eran su día, no se asustaba porque nada era distinto. Cuando murió la abuela él estaba en el colchón con ella. Jugó con sus dedos muertos hasta que la tía gritó y lloró y lo alzó. Vio al padre sacar el cuerpo, cavar el foso, tirar el cadáver y taparlo. “A esta ni una cruz le pongo. Que se mezcle con el resto de la tierra y no sea nada. Igual que nosotros”, escuchó decir.
Se acabaron las rodajas, la leche y los gritos.
La noche despertó al silencio y todo fue igual que siempre. Faltaban los ronquidos de la abuela pero tenía más lugar para dormir. Cuando despertó no estaba la ropa ni el padre. Sí había rodajas y leche. Sabía que nadie hablaría hasta la llegada del padre.
“Hijo de puta el viejo ese. No me quería dar nada. Apenas vacié la bolsa me dijo que guardara todo, que no me iba a dar nada.” Fue lo primero que escuchó, pero vio que traía la bolsa vacía y más pan y leche que el día anterior. También vio una mancha de sangre en la camisa que se iba afinando hasta llegar al pantalón. “Viejo hijo de puta, reventaste pero yo no voy a reventar” volvió a hablar el padre. La tía se acercó y quiso tocar la herida. No la dejó.
El niño vio como el padre se desnudaba y le daba la ropa y la bolsa a la tía, “lavá todo, de mí me encargo yo” le dijo. La sangre abandonó la tela y el agua fue una mezcla de rojo y negro. La ropa y la bolsa estiradas en unas piedras comenzaron a secarse.
El niño fue junto al padre, algo raro sucedía, se acercó, lo tocó y no sintió ningún rechazo, ningún insulto. Comenzó a jugar con los dedos de una mano que nunca había podido tocar. La tía volvió a gritar, a llorar y a alzarlo.
Esta vez fue la mujer la que cavó el foso. El niño sentado en la tierra volvió a ver la escena, el cuerpo desnudo y manchado del padre era lo distinto, la pala y el sudor, iguales. Esta vez nadie dijo nada al terminar.
Comieron leche y rodajas en la cena. La noche ya no tenía ni los ronquidos de la abuela ni los gritos del padre. Se durmieron. Cada uno en un colchón. La mujer exhausta.
La mañana no perturbó el sueño de la tía, sí el del niño que calentó la leche y cortó el pan.
Cuando terminó el desayuno fue hacia las piedras, colocó la ropa del padre en la bolsa y fue rumbo al pueblo.

Jorge Narducci

Lomas del Mirador, 30 de enero de 2014

domingo, 8 de diciembre de 2013

Una mirada sobre la evaluación (PISA)

La situación de evaluación es una relación asimétrica en la cual hay un integrante instituido como el que evalúa y otro que es evaluado. El evaluador puede o no haber construido los aprendizajes evaluados (1). Lo que se evalúa es un corpus de contenidos, actitudes, procedimientos, habilidades, etc. que enfrentan al evaluado a la situación de poner en práctica lo que luego del recorrido de aprendizaje realizado ha adquirido o modificado. Se podría decir que el “desequilibrio-asimilación-acomodación- vuelta al equilibrio” presentado por Jean Piaget sería el recorrido. La comparación de los momentos previo y posterior a la asimilación y acomodación, o sea, el nuevo equilibrio es el observado. El evaluado (en el caso de la educación primaria, los responsables de éste) pone en una institución su “confianza” sobre lo que se desea hacer de él y el evaluador es el vector de esa confianza.
Sabemos que no es lo mismo el proceso que debería realizarse en una instancia universitaria donde los alumnos son adultos con competencias y conocimientos que harían de esta situación una relación con un grado de simetría mucho más alto.
Obviamente que hay muchísimas páginas escritas sobre esto y los teóricos desgajan y profundizan sobre el tema con la clasificación de los distintos modos, con las características psicológicas de los evaluados según su edad y sus inteligencias particulares y un sinnúmero de situaciones que sobrepasan el objetivo de esta nota.
Dicho esto, comenzamos con lo que sí es el objetivo de esta nota.
Estamos en diciembre de 2013 y en Argentina se genera un debate sobre los resultados de la evaluación PISA. Se ponen en consideración los resultados y se informa de la crisis en la educación ya que los estudiantes han bajado su rendimiento 2 puntos en el área de Lengua, se mantuvo en Matemática y subió 5 puntos en ciencias. En los tratamientos mediáticos se muestran cuadros comparativos, similares a los que se utilizan en la evaluación, para demostrar que Chile y Colombia están por arriba de Argentina en los resultados de lectura.
Más allá de los resultados, de los tratamientos mediáticos y de lo dicho desde el Ministerio de Educación, trabajo que dejamos en manos de los lectores, lo que vamos a observar más detalladamente es quién evalúa, qué se hace con la difusión de los datos y otras cuestiones que rondan el tema.
 Según el documento “El programa PISA de la OCDE. Qué es y para qué sirve”(2) “La OCDE (Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos) reúne a 30 países miembros comprometidos con la democracia y la economía de mercado para los que constituye un foro único de debate, desarrollo y perfeccionamiento de políticas económicas y sociales.”
A continuación afirma que su misión es:
“• lograr la máxima expansión posible del crecimiento económico y el empleo, y un mejor nivel de vida de los países miembros, sin dejar de mantener la estabilidad financiera y, de esa forma, contribuir al desarrollo de la economía mundial; 
• contribuir a una sana y sólida expansión económica en países –tanto miembros como no  miembros– que estén en pleno proceso de desarrollo económico; 
• contribuir a la expansión del comercio mundial con criterios multilaterales no discriminatorios, dentro del respeto a las obligaciones internacionales.

Según el organismo “la OCDE se financia gracias al aporte de los países miembros”(3) y de los 30 países que la forman el ranking  de contribución comienza con estos cinco(4):

País
% de contribución
1. Estados Unidos
 21.58
 2. Japón
 12.88
 3. Alemania
 7.91
 4. Francia
 6.03
 5. Reino Unido
 5.31

Según esta tabla los 5 países mencionados “contribuyen” con el 53,71%.
Ahora bien, quizá estos datos y lo mencionado anteriormente puedan dar un perfil de la institución que elabora el ranking (así se menciona en el documento citado más arriba) de países según sus resultados en la evaluación PISA.
Queda a criterio del lector ver quiénes son los que realmente pagan estas contribuciones en los países. Muchas fundaciones que apoyaron procesos autoritarios en América Latina y que son organismos que están más comprometidos con la economía de mercado que con la Democracia apoyan emprendimientos de este estilo.
Retomando lo dicho en el comienzo de la nota sobre la evaluación, se podría suponer que esta evaluación internacional que busaca un modelo estandarizado de alumno, para un posible modelo estandarizado de ciudadano, está realizada por una institución en la que se deposita la confianza sobre lo que se desea hacer con uno.
Si bien en el documento citado de la OCDE se dice “Sin duda se trata de una relación que debe ser valorada rigurosamente por las autoridades y los medios de información para que el conocimiento de los resultados del examen trascienda a la lógica del ranking.” la lectura observada que se realizó no pareció superar la lógica del ranking.
Chile, país que mantuvo un conflicto grave con sus alumnos universitarios por el alto costo de su formación, es mostrado al tope de la lista de los países latinoamericanos,   
En la versión web del periódico INFOBAE del 3 de diciembre de 2013 (5) avisa que por primera vez se hace un estudio diferenciado en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires y que éste dio por resultado 30 puntos más que el promedio en el área de matemática.
Cualquier lector medianamente informado sabe las posiciones ideológicas de los respectivos gobiernos a la hora de ser evaluados por el organismo cuyo mayor contribuyente es Estados Unidos.
Más allá de las manifestaciones mediáticas sobre los top 10 de la evaluación y  de colocar a Shanghái al tope de un ranking de países, también se pueden hacer consideraciones de contexto. Cualquier lector que en este momento escriba en un buscador de internet “resultados de evaluación PISA 2013” le devolverá resultados de los periódicos de divulgación masiva (los llamados medios hegemónicos) que tienen alrededor de la nota crítica al sistema educativo, un sinnúmero de  publicidades que proponen como anzuelo diversión exagerada,  individualismo inhumano, competencia desmedida. Los espectadores de los noticieros televisivos y radiales que urgen a los gobiernos a tomar atención en el tema educativo, tienen al tope del rating programas de la cultura más vana y vacía y las publicidades que los acompañan apuntan a un nivel de estereotipia y consumo que ciudadanos educados evitarían más temprano que tarde.
Retomando lo dicho al principio de la nota, lo importante no es la evaluación sino el modelo teórico que se encuentra velado tras la evaluación propuesta. ¿Qué es hoy estar bien educado?  Tomando uno de los puntos de la misión de la OCDE “lograr la máxima expansión posible del crecimiento económico y el empleo, y un mejor nivel de vida de los países miembros, sin dejar de mantener la estabilidad financiera” ¿qué es una máxima expansión posible sin dejar de mantener la estabilidad financiera? ¿Cuánta de esa educación pretendida es adiestramiento de mercado? ¿Quiénes toman en cuenta la situación de la infancia en los países mejor rankeados? ¿Hay alguna relación entre todos los entes internacionales que pretenden dar estándares de comunicación, condiciones laborales, igualdad de género, educación, etc.?

Nada de lo dicho tiene intención de arribar a  ninguna conclusión. Todo es una nube caótica que intenta ser más el inicio de un cuestionamiento que la fórmula para observar una realidad estandarizada.
Esperamos desde este espacio dar otra de las tantas miradas sobre el modo de observar a los niños y adolescentes cuando se los evalúa.


 Jorge L. Narducci




(1) Hablamos de aprendizaje ya que nos centramos en una evaluación educativa. También se evalúan proyectos, relaciones interpersonales, y otra serie de situaciones en las cuales siempre hay alguno de los integrantes que, por su rol en la institución, asume la función que genera una relación asimétrica. Por ejemplo, si lo que se evalúa son los resultados de las ventas de determinada empresa, los resultados pueden determinar la reducción de personal o la ampliación de puntos de venta.
(2) OCDE http://www.oecd.org/pisa/39730818.pdf Consultado el 4 de diciembre de 2013
(3) http://www.oecd.org/centrodemexico/preguntasfrecuentes.htm (Consultado el 4 de diciembre de 2013)

martes, 4 de junio de 2013

¿Saber o no saber?

La hora, 16:35. Es importante la hora porque en esta ciudad quince minutos antes los niños salen de la escuela de jornada completa. Los colectivos desbordan de las últimas palabras escolares y las primeras voces familiares. Subo a uno y me siento. Detrás de mí un niño le habla a una voz femenina, ronca. La ronquera le quita la edad a la voz. No notaba si hablaba con su posible abuela o madre. Se entusiasma y comienza a contar que le habían leído una fábula. Cuenta algo así. Una gallina había puesto un huevo y otro animal se lo había robado. El ladrón notaba que el pollito nacía y le daba pena. La madre gallina sufre y el pollito no. Inicialmente ve en su captor una especie de madre sustituta. Todo bien hasta que el pollito comienza a llorar pidiendo comida. La sustituta madre se desespera y, a escondidas, deja al pollito en su nido materno. Dudo del origen fabulezco de la historia, supongo que es una versión moderna de algún cuento tradicional y que, acomodado a los nuevos argumentos, evita el final traumático: el pollito es mejor comida que un huevo. Trato de suponer la moraleja típica del género y no la encuentro. En eso estoy cuando el niño pregunta a la voz ronca “¿Te das cuenta, es un cuento policial?” Abandono la infructuosa búsqueda de la moraleja y comienzo a escuchar la charla. “El robo del huevo es el caso” afirma el niño. Comienzo a suponer que la voz infantil es de unos once años. “En lugar de haber un detective el ladrón se arrepiente” “Guardá la SUBE que se te va a caer, boludo” interrumpe la voz ronca. Descarto que sea una abuela. El relato sigue. “El robo es menos que lo que devuelve: se lleva un huevo y trae un hijo”. Saco a pasear el yo freudiano que todos llevamos dentro y creo entender que el niño valora mucho ser “hijo” “¿Y qué dijo Sergio?” interrumpió la garganta arenosa. “Para él era una fábula ma’, pero...” intenta seguir el niño. No sé quién es Sergio, pero ya supe que la voz perturbadora era de la madre. “¿Te devolvieron la prueba?” lo interrumpe. “Sí, me fue bien” “A verla”. Desaparece el cuento policial. Y la fábula. Se produce un silencio que me hace suponer que el alumno busca la prueba en su mochila para  mostrársela a la madre. “Estaba con ve corta. Sos un burro. No sé cómo pasaste de grado”. Se mueren la gallina, el pollito, el ladrón, la fábula y un poco de mí.
Siento un tirón en el asiento lo que me hace suponer que se están levantando. Pasa la madre, pasa el pollito, serio, con la mochila a medio cerrar y la hoja que habla de la estupidez arrugada en la mano..
Esopo se retuerce y piensa si la libertad adquirida por su posibilidad de inventar historias valió la pena ante esta escena.
¿Cuál es el valor del saber que reciben los niños? ¿Qué habrá dicho la madre de Sergio cuando le contó que para él era una fábula? ¿Qué hubiera dicho esta garganta arenosa si al Pollito no se le antojaba el cuento policial (bien antojado, por otra parte)? ¡Ojalá que Sergio no fuera el maestro! En minutos la reelaboración de este lector fue sepultada por siglos de concepciones educativas. ¿Qué es saber para algunos? Un niño que da más valor a un hijo que a un huevo, que descubre en una ya ridícula fábula un cuento policial, que a pesar de todo lo que ya habrá recibido puede tener estas discusiones, para ese saber familiar es un “boludo” que tenía que repetir el grado. ¿Qué habrá aprendido este niño con esta situación? Cuánto lamento saber el nombre del otro que dijo “fábula” y no de éste que la cuestionó.

Jorge  L. Narducci
Lomas del mirador, 4 de junio de 2013